1

La mente no busca que seamos felices

La mente no busca que seamos felices, la pandemia nos ha demostrado la necesidad de un cambio de paradigma.

La llegada del COVID y las políticas sanitarias preventivas ha llevado al aislamiento. No solo en la etapa del confinamiento, si no a posteriori, la disminución de la interacción social es una realidad y no solo por decisión política si no personal. La desgana, desmotivación y apatía inunda a muchas personas son algunos de los efectos psicológicos negativos que se dan en la población general a largo plazo. Es por ello destacar que no solo se ha producido una pandemia por un virus, además de ello, en paralelo otra emocional.

Los efectos emocionales de la pandemia han llevado a un aumento de la ansiedad, depresión, fobias, problemas sexuales y conflictos de pareja de forma mucho más extensa. Esto es algo que se ha dado tras años y mantenimiento de esta situación y que aunque haya habido momentos en los que ha disminuido el contagio del virus los problemas psicológicos aumentan. Su máximo indicador es la muerte por suicidio en el que se ha producido un aumento con respecto a años atrás.

Las experiencias nos aporta, en gran medida, la felicidad. Si se disminuyen, la relación va a ser la misma. Entramos en un círculo de aislamiento y disminución de momentos de disfrute que a su vez retroalimenta el dejar de hacerlo. Es una trampa mental. La psicología, que es la profesión especializada para trabajar la inteligencia emocional, es básica para que proporcione un marco que fomente las habilidades socioemocionales en situaciones de malestar y de gran utilidad en estos momentos.

Los elementos externos que nos pueden condicionar, son:

  1. a) Las restricciones sociales aumentan sentimientos de soledad y aislamiento y disminuyen espacios agradables y reforzantes.
  2. b) La pandemia mediática nos inunda de noticias alarmantes constantemente que nos llenan de miedo que nos genera un estado de alerta constante, generando emociones tan naturales como la ansiedad y el malestar debido a la incertidumbre de la situación. No olvidemos que sobreinformar no es informar. Para cumplir las medidas, la ciudadanía debe comprender y no estar sobreinformada. El miedo funciona a corto plazo pero sin embargo a largo plazo puede generar un estado opuesto o generar hartazgo.

Podemos caer en el error de que nuestra mente busca la felicidad de forma natural, sin embargo, tan solo busca que continuemos vivos. Ese y solo ese es su objetivo. Sin embargo, como seres conscientes o autoconscientes y de una manera proactiva sería bueno que buscáramos esa diana a alcanzar. La tendencia de nuestra mente  que es prepararnos para la supervivencia unida a la situación actual, nos deja una mente hiperactiva y reactiva que puede generar un mayor sufrimiento.

En una etapa de incertidumbre y cambios drásticos en nuestros hábitos, las conductas de autocuidado son indispens ables como recurso para regularnos emocionalmente. Tener hábitos de vida saludables no solo es preventivo si no que es interventivo en este momento. Como por ejemplo:

  • Tomar consciencia de las actividades que se han dejado de hacer o que gustaría hacer y no se han hecho y realizarlas adaptándonos a la actual circunstancia.
  • Fomentar las relaciones personales, la comunicación y el espacio relacional.
  • Por último pero no peor, adquirir habilidades de gestión emocional para lidiar con las consecuencias de las actuales circunstancias sociales.

En conclusión y sin olvidar que tenemos todo el derecho de pedir ayudar a nivel profesional y beneficiarnos de ella. La salud mental no es la salud de segundo nivel, sino simplemente salud.

 

Jorge Pérez Ferrer

Psicólogo y Sexólogo

CV12015