¿En qué fallamos los padres en la educación de nuestros hijos?

Recuperamos esta entrevista realizada a Orlando García, nuestro Director Técnico en Diciembre de 2013.

Educar no es una tarea fácil, aquello que nos dicen que los niños vienen sin el manual de instrucciones es una gran verdad.  Aunque podría ser más fácil educar con ciertas recetas, afortunadamente y según la opinión de Orlando García sería más aburrido educar al ser todo más monótono.

Conseguir que los niños obedezcan no es tarea fácil. Y el problema es que los conflictos con los niños pueden llegar a generar una importante preocupación, que con frecuencia los bloquea y puede hacerles perder los papeles.

Además, los niños que no desobedecen, que acatan todas las normas sin rechistar, se están saltando una etapa que es necesaria para que puedan desarrollar determinadas capacidades, como tener una opinión crítica, discutir lo que consideran injusto…

¿En qué fallamos los padres en la educación de nuestros hijos?

El fallo más importante es la inseguridad, no saber a dónde vamos y probar diferentes cosas cuando no funciona una a la primera. El niño nota esta inseguridad y les invita a portarse peor. Otro de los fallos que tenemos es que las parejas no vamos como un equipo, sino que jugamos mucho a “poli bueno y el poli malo”. El niño capta que lo que mamá no me deja hacer, papá si. Hay muchos estilos educativos dentro de la misma familia y eso los niños también lo aprovechan para sacar rendimiento a sus intereses.

¿Por qué es importante poner normas y límites?

Un sistema de normas estable le ayuda a saber predecir las consecuencias de su propia conducta. Le ofrece la seguridad de saber a qué atenerse en todo momento, con lo que conseguimos un niño seguro, lo cuál le permitirá desarrollar otras habilidades, como pueden ser la autonomía y poco a poco fortalecerá su autoestima.

Todo ser humano necesita un punto de referencia. Los niños más inseguros y temerosos son aquellos hijos de padres muy permisivos o que tienen un criterio educativo incoherente (hoy te castigo por esto, mañana lo considero una gracia). “Si yo no tengo claro por dónde tengo que conducir, si no tengo claro qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, me siento perdido”. Los niños sin disciplina sufren mucho. No, nos van  a querer menos por negarle o prohibirle ciertas cosas, le hace bien saber que eres tú, y no él, quien decide.

¿Cómo podemos aplicar la disciplina a los niños y cuando debemos empezar a poner límites?

Debemos empezar, desde el primer año a poner límites al niño, diciéndole que no: “no toques, no subas, no bajes”. El niño, al año, está jugando con nosotros y basta que le digas que no, para que vaya a provocar, pero sabe perfectamente que le estás diciendo que no y tiene que aprender a interpretar el “no”. Por eso, es importante que el “no” vaya acompañado de una cara seria. Pensamos que el niño va probando, va jugando con nosotros, pero cuando ve que ante la misma cosa, respondes de la misma manera, que no y con cara seria, el niño al final deja de hacer lo que no debe.

Los límites se interpretan según tu cara y tu gesto. Hay una serie de señales no verbales que acompañan y son muy importantes: el tono, la gravedad, la firmeza o la actitud. Estar convencido es la base para que le puedas transmitir a tu niño y reaccione positivamente. Si tú estás haciendo una cosa porque lo has oído, te lo han dicho, pero no estás seguro, entonces no te funcionará. Los padres debemos entender porque estamos haciendo las cosas y cuál es el objetivo porque es la única manera de que al niño le llegue el mensaje. El mensaje debe ser un mensaje de dentro, de actitud, de decir yo soy el capitán del barco, pongo unas normas por el bien de mi hijo porque quiero sacar el mejor partido de mi hijo y es bueno para él.

Entrevista a Orlando García, logopeda y psicopedagogo